El extraño miedo de Kayleigh ha sido objeto de numerosas bromas, como la que le gastó su jefe, que fingió que tenía un regalo para ella y lo que puso en sus manos fue un tomate, cuando la joven lo vio salió corriendo y no volvió al trabajo hasta el día siguiente. Aunque eso no es nada si tenemos en cuenta que, de pequeña, estuvo llorando durante días porque le había metido un tomate en el bolsillo.
Esperemos que a nadie se le ocurra regalarle la película "Los tomates asesinos", sería como sentarse en el pajar y clavarse la aguja.
